David Hudson – Superconductividad y alquimia moderna

Queridos lectores,

hqdefaultDavid Hudson era un empresario y granjero conservador que se dedicaba a la agricultura en el estado de Arizona, en los Estados Unidos de América. A mediados de la década de los años 70, mientras realizaba un análisis de productos naturales en la zona donde estaba cultivando -debido a la poca solubilidad del agua en el suelo en Arizona- el destino le llevó a descubrir el Oro Monoatómico: el ORMUS (elementos Monoatómicos Reagrupados Orbitalmente). David no se detuvo una vez descubierto el Oro Monoatómico, sino que además continuó investigando a otro nivel: la alquimia y la simbología bíblica, uniendo de una forma magistral lo físico y lo simbólico. Único.

Aquí dejamos la transcripción de la conferencia que ofreció en 1995.

 

¿Se ha encontrado la piedra filosofal?

Las palabras [entre corchetes] han sido añadidas por el autor de la transcripción.

 

Primera parte

En primer lugar, quiero darle las gracias a Cheyenne por la introducción. He descubierto que no debes contárselo todo porque después lo repite palabra por palabra. En su boletín informativo bromeo con ella porque relata la historia completa y es más agradable escucharla tal y como yo la viví, pero en fin…

A continuación, voy a contaros la historia de mi descubrimiento de esta sustancia para que podáis comprender lo que es. Mi motivación al comenzar este trabajo en 1975/76 no era precisamente la correcta. No entendía lo que estaba haciendo ni lo que era esta sustancia, solo en los últimos cuatro o cinco años lo he podido comprender.

Soy de Phoenix, Arizona. Mi padre es ex comisionado de agricultura del estado de Arizona. Mi madre ha sido presidenta del Partido Republicano en este estado. Somos personas conservadoras de ultra derecha. Siempre contrataba a los empleados para la granja con un acuerdo verbal. Incluso cultivé 2.500 acres con un acuerdo verbal con el Bureau of Indian Affairs, que forma parte del gobierno federal, y aunque nadie puede cultivar con el gobierno federal en estas condiciones, yo lo hice.

Mi familia es muy conservadora y tiene buena reputación en la comunidad. En este momento, todos mis automóviles tienen las llaves puestas. Vivimos en una pequeña comunidad en las afueras de Phoenix, donde todos nos conocemos y nos saludamos por la calle. No hay robos porque en el caso de que se produjera alguno, averiguaríamos quién es el ladrón, lo perseguiríamos y recuperaríamos el botín.

Al principio, mi objetivo era acumular oro y plata para crear moneda real. No estaba contento con la política monetaria del gobierno federal. Estaban devaluando el dólar, emitiendo dinero ficticio que ellos llaman billetes de la Reserva Federal, que estoy seguro que todos conocéis. Este dinero no está respaldado por reservas reales de oro y plata, y al fabricarlo, el dólar se devalúa, y aunque piensas que estás ganando más dinero, en realidad, lo único que haces es pagar más impuestos. Por lo tanto, cada vez tienes menos aunque ganes más. Entonces, cuando llegas a casa le dices a tu mujer: «He ganado un 10% o un 20% más», y ella dice: «Yo he ganado un 5% más», pero en realidad estás ganando menos dinero y viviendo peor que tus padres. Las autoridades pueden decir que vivimos mejor y que estamos alcanzando cifras magníficas, pero los números mienten. En realidad, no vivimos mejor. Todos vivimos peor que nuestros padres. Aunque existen algunas excepciones en Dallas, en el resto del país es así.

Por lo tanto, empecé a comprar oro y plata en el área de Phoenix para refinar y fundir en lingotes. La plata la obtenía de la chatarra o de desperdicios electrónicos, y el oro lo compraba a mineros que lo extraían con un método llamado lixiviación en pila por cianuración. Lixiviaban las escorias que quedaban en las minas. Esto me resultó familiar, puesto que los agricultores tratamos nuestras tierras con sales metálicas. No estoy seguro, pero creo que en Dallas ocurre lo mismo que en Arizona. Tenemos un problema con el sodio en nuestras tierras. Se denomina álcali negro, y cuando aparece en tus tierras, tienes que añadir ácido sulfúrico, y el sodio, que forma el álcali negro, se convierte en sulfato de sodio, que forma un álcali blanco. Este último es soluble en agua y lo puedes extraer de la tierra por lixiviación. Si no lo haces, tus tierras son demasiado aceitosas y el agua no penetra en ella, se estanca y no es bueno para las cosechas.

Puesto que había hecho análisis de tierras, podía comprender este método. En primer lugar, se amontona el mineral encima de un plástico extendido y se rocía con una solución de cianuro, que disuelve el oro del mineral. Entonces, la solución gotea a través del mineral y resbala por el plástico hasta llegar a un contenedor. Finalmente, la solución se bombea a través de carbón activado, el oro se adhiere al carbón y la solución vuelve al montón original. El concepto parecía sencillo, y al igual que algunos granjeros tienen avionetas, caballos y coches de carreras, decidí que yo iba a comprar una mina de oro. Además, disponía de excavadoras, camiones cisterna, tractores, orugas, etc., y empleados para manejar la maquinaria, así que decidí que iba a construir uno de estos sistemas de lixiviación en pila por cianuración.

Viajé por todo el estado de Arizona, y después de año y medio encontré una propiedad. Hice algunos análisis para comprobar si contenía oro y la compré. Construí un sistema de lixiviación en pila por cianuración, comencé a rociar el mineral y, como estaba previsto, al cabo de dos o tres días teníamos oro adherido al carbón activado. Hasta ese momento todo era de color de rosa. Estábamos satisfechos. Entonces, calculé que aunque perdiera el 50% del oro extraído de la mina, obtendría tantos beneficios como si comprara la misma cantidad de oro y pagara de impuestos el 50% de los beneficios. Por lo tanto, si otras personas podían vivir extrayendo oro, yo también podía hacerlo, perder el 50% y aún así obtener tanto oro como si comprara esa misma cantidad con mi propio dinero y pagara impuestos. Así pues, seguí adelante con el proyecto.

A continuación, trasladamos el carbón a mi granja para extraer el oro y la plata. Allí lo tratamos con cianuro caliente e hidróxido de sodio, y lo sometimos a una extracción electrolítica. Después, realizamos lo que se llama un aquilatamiento a fuego en el que haces una reducción del oro al crisol, lo copelas y obtienes el oro y la plata en perlas doradas. No voy a dar más detalles sobre el aquilatamiento a fuego porque mi propósito no es enseñar cómo realizarlo. Este es un proceso stándar para extraer oro y plata aceptado por la industria, y se está utilizando desde hace 250 o 300 años.

[11:24] Después de extraer oro y plata durante un par de semanas, comenzó a aparecer otra sustancia. La extraíamos como si fuera oro y plata, pero no lo era. Podías golpear con un martillo nuestras perlas de oro y hacerlas añicos. No existe ninguna aleación de oro y plata tan frágil. Ambos son metales nobles que no pueden mezclarse en ninguna proporción que pueda ser dura y quebradiza. Cuando mandamos esta aleación al laboratorio para analizarla, todo lo que pudieron detectar fue oro y plata con residuos, solo residuos, de cobre. Estábamos extrayendo otra sustancia que no era oro ni plata. No podíamos entenderlo. Finalmente, esta sustancia aparecía tanto en nuestro sistema, que perdíamos oro y plata. Por lo tanto, dejó de ser rentable y acabó convirtiéndose solo en algo interesante.

Entonces, dije: «Cierra el sistema. Vamos a averiguar qué es esta sustancia que nos causa problemas». Separamos químicamente la sustancia del oro y la plata, y obtuvimos una muestra. Debéis comprender que hasta ese momento solo me había dedicado a cultivar algodón. Aunque estudié el bachillerato, después me dediqué a la agricultura, y odiaba la física y química como la mayoría de vosotros. Entonces, pensé que si contrataba suficientes doctores en física, podría solucionar el problema. Por lo tanto, fui a la Universidad de Cornell, donde un científico había escrito algunos ensayos sobre cómo hacer análisis con rayos X, y le llevé una muestra de esta sustancia, que no se disolvía en ningún ácido ni en ninguna base después de haberla separado. Era de color azul cobalto. Entonces, el científico hizo un análisis y me dijo que era sílice, hierro y aluminio. Yo le dije que estaba equivocado, pero él me contestó: «Lo siento mucho, pero estos son los resultados del análisis». Entonces, lo contraté para que eliminara todo el sílice, el hierro y el aluminio de la muestra, pero todavía quedaba el 98% del material. Lo analizó de nuevo y dijo: «David, ¡el análisis dice que no es nada!» (risas del público).

Y luego añadió: «Sr. Hudson, si me concede una beca de 350.000 dólares, pondremos a los estudiantes graduados a trabajar en ello». Hasta entonces le había pagado 12.000 dólares, y aunque al principio me había asegurado que podía analizar cualquier elemento en partes por billón, ahora decía que mi muestra era pura nada. Puesto que no me había ofrecido devolverme el dinero, le contesté: «No, gracias. Creo que con 350.000 dólares puedo conseguir más información que usted». Esto ocurrió en 1981, y de este modo comencé mi propia investigación. Al principio, la mayoría de la información que pude recoger eran solo rumores. Algunos mineros de Arizona, cuyos padres y abuelos lo habían sido también, me dijeron: «David, has encontrado los elementos del grupo del platino». Hay cientos de mineros que creen que pueden extraer estos elementos, y muchos de ellos han acabado en la cárcel. Buscan inversores para realizar las extracciones y, al cabo de un par de años, al no conseguir ningún producto que se pueda comercializar, los inversores retiran su dinero y los denuncian. Finalmente, tanto si son declarados culpables como inocentes, los pleitos siempre terminan con resentimiento.

[15:30] Entonces, me dije a mi mismo: «No voy a permitir que esto me ocurra a mi. Voy a averiguar qué es esta sustancia y a encontrar las respuestas». Esto sucedía en 1981/82. Disponíamos de instrumentos que podían analizar en partes por billón. Tenía que haber alguna explicación. El científico de Cornell pudo mostrarme los átomos y la separación que había entre ellos, pero dijo que los espectros de emisión y absorción no coincidían con ninguno de los que estaban programados en la máquina. No podía identificar las líneas de emisión ni de absorción. Esta máquina tenía ocho cabezales de rayos X y su panel de control parecía el de un Jumbo 747. Era enorme, podías sentarte en una silla giratoria y apretar multitud de botones, y aunque resultaba bastante impresionante, no me dio ninguna respuesta.

En aquel momento, alguien me prestó un libro titulado La química analítica de los elementos del grupo del platino, escrito por Ginzburg en 1975. Había sido traducido al inglés por el Programa Israelí de Traducciones Científicas. Este libro tiene dos pulgadas y media de espesor, es muy técnico y fue publicado por la Academia Soviética de las Ciencias. Johnson Matthey y Englehard son las dos industrias de minería y refinería que trabajan en Sudáfrica con los elementos del grupo del platino. La única industria similar que existe en todo el mundo es la del gobierno ruso, que entró en este negocio en 1918, cuando expulsaron a Johnson Matthey del país porque pagaba comisiones a la familia real británica. Entonces, el gobierno ruso desarrolló la química necesaria para la separación de estos elementos.

En realidad, estos elementos no eran muy conocidos hasta que estalló la segunda guerra mundial, cuando adquirieron importancia en el terreno militar. Ahora, en cualquier contrato gubernamental están clasificados como elementos estratégicos. Así pues, no se utilizan a menos que sea absolutamente necesario por su gran valor y escasez. Por ejemplo, el iridio tiene aplicaciones muy específicas. Se utiliza en la fabricación de la proa de las lanzaderas espaciales para que puedan realizar el reingreso en la atmósfera; en el blindaje de los cohetes de hidrógeno, puesto que es un material cerámico que soporta altas temperaturas; y en los cortacircuitos de las centrales nucleares, donde se conecta y desconecta la electricidad, porque no se deteriora aunque sea sometido a grandes arcos voltaicos. Es decir, se utiliza siempre que no se pueda sustituir por ningún otro elemento.

Por lo tanto, según la Academia Soviética de las Ciencias, para analizar estos elementos por espectro de emisión es necesario utilizar un método llamado evaporación fraccionada, en el que colocas la muestra entre dos electrodos de carbono y la haces arder durante trescientos segundos. Para ello, es necesario encerrar los electrodos de carbono en atmósfera de gas inerte para que no tengan contacto con el aire. De lo contrario, se oxidarían en quince o veinte segundos. Así pues, colocan los electrodos en una cámara con gas inerte y realizan combustiones durante largos períodos de tiempo. Según la Academia Soviética de las Ciencias, el departamento científico de la Unión Soviética, durante los primeros quince o veinte segundos aparecen todas las impurezas, como el hierro, el sílice y el aluminio, pero el paladio no lo hace hasta que han transcurrido setenta segundos. Al cabo de otros quince o veinte segundos, dependiendo de la cantidad de paladio que haya en la muestra, aparecen el platino, el rutenio, el rodio, el iridio y el osmio. No estoy seguro de que este sea el orden correcto, pero lo cierto es que aparecen a medida que se alcanzan sus respectivos puntos de ebullición.

Esto lo podemos entender con facilidad, puesto que si queremos hervir agua con alcohol, debemos alcanzar el punto de ebullición de este último, y el agua permanecerá en estado líquido hasta que el alcohol se haya evaporado por completo. Hasta entonces, la temperatura del agua no seguirá aumentando. Por lo tanto, podemos decir que la diferencia entre el punto de ebullición del agua y el del hierro es similar a la que hay entre el punto de ebullición del hierro y el de estos elementos.

Estos elementos se evaporan a unos 5.200 o 5.300 grados centígrados. El hierro se evapora a unos 3.700 grados centígrados, y el agua, por supuesto, a 100 grados centígrados. Así pues, si hay agua en una muestra, la temperatura de esta última no superará el punto de ebullición del agua hasta que esta se haya evaporado por completo. Entonces, la temperatura aumentará hasta llegar al siguiente punto de ebullición, que en este caso sería el del hierro, y hasta que el hierro no se haya evaporado por completo, la temperatura de la muestra no seguirá aumentando. La temperatura máxima que puede producir un arco voltaico es de 5.400 o 5.500 grados centígrados, y son necesarios unos 5.300 grados para evaporar estos elementos. Por lo tanto, hasta que no hayamos eliminado todas las impurezas y el arco siga ardiendo y ardiendo, y aumentando la temperatura de la muestra, no alcanzaremos el punto de ebullición de estos elementos.

Cuando hicimos el análisis de la muestra, estos elementos aparecieron en el orden previsto, tal y como aseguraba la Academia Soviética de las Ciencias. Aparecieron el paladio, el platino, el rutenio, el rodio, el iridio y el osmio. En aquel momento, yo no sabía lo que era el iridio ni el rodio. En realidad, no soy más que un sucio granjero. Sin embargo, descubrí que el rodio es un elemento muy valioso, que costaba hace dos años unos 13.000 dólares por onza. Es el elemento que se coloca en el catalizador de los coches y sin el cual no puede funcionar. Nos dicen que el catalizador debe contener platino, pero también hay que añadir, al menos, un 13% de rodio o, de lo contrario, no puede funcionar. Esto se debe a que el platino se empobrece al contacto con el monóxido de carbono, y el rodio impide que esto suceda. Por lo tanto, cuando los sudafricanos tuvieron problemas en sus minas, el precio del rodio aumentó hasta 13.000 dólares por onza porque los fabricantes de automóviles no puede venderlos sin catalizador. Entonces, ordenaron comprar rodio a cualquier precio, puesto que no podían sacar los coches de la cadena de producción.

[22:39] ¿De acuerdo? Se trata de un elemento que no puede ser sustituido por ningún otro. Después de realizar análisis durante dos años y medio, las cantidades que aparecían en nuestras muestras eran: de 4 a 6 onzas por tonelada de paladio, de 12 a 13 onzas de platino, 150 onzas de osmio, 250 onzas de rutenio, 800 onzas de iridio y 1.200 onzas de rodio. En Sudáfrica, el mejor yacimiento que se conoce en el mundo produce un tercio de onza por tonelada. Para ello, es necesario excavar media milla bajo tierra para encontrar un filón de treinta pulgadas de espesor que contiene un tercio de onza de todos los elementos del grupo del platino. ¡Y nosotros teníamos 2.400 onzas por tonelada de elementos del grupo del platino! Si solo hubieran sido cinco o seis onzas por tonelada, probablemente habría abandonado la investigación. No obstante, puesto que las cifras eran tan increíbles y disparatadas, dije: «Vamos a continuar. Vamos a averiguar lo que realmente está ocurriendo».

Estamos hablando de que del 12 al 14% del mineral estaba compuesto por estos elementos. Entonces, pensé: «Esto debe tener una explicación. Tiene que haber algún motivo para que nadie haya encontrado estos elementos hasta ahora».

Así pues, fui a visitar a un doctor en física y analista químico en Phoenix que tenía la reputación de ser el mejor de Arizona. Estaba graduado en la Universidad de Iowa, con una especialidad en sistemas de separación de metales. Había trabajado para Sperry, Motorola y otras compañías de electrónica haciendo tratamiento de aguas residuales. Después de mostrarle los análisis espectroscópicos que habíamos realizado durante tres años, dijo: «Sr. Hudson, he escuchado la historia de los elementos del grupo del platino durante toda mi vida. Yo también he nacido en Arizona. Sin embargo, lo único que tengo es mi reputación, y si alguien me relaciona con los fraudes, no tendré posibilidad de conseguir un ascenso. Le voy a decir lo que vamos a hacer. No voy a cobrarle como han hecho los demás. Voy a trabajar gratis para usted hasta que encuentre dónde está el error. En ese momento, le enviaré una factura cobrándole 60 dólares por hora de trabajo. Si le hago pagar desde el principio, tendré que hacer informes y firmarlos, y no me gustaría hacerlo hasta que comprenda cuál es el problema».

[25:25] Dos años más tarde, este doctor en física me dijo: «David, puedo asegurar sin temor a equivocarme que no es ninguno de los elementos de la tabla periódica. A lo largo de mi vida profesional los he separado todos, los del grupo de las tierras raras, los del grupo de los actínidos, y también los fabricados por el hombre. He trabajado con niobio, estroncio, titanio y los demás materiales electrónicos. He realizado numerosos estudios para diferentes compañías, pero hay cuatro elementos con los que nunca he trabajado, y están entre los seis que me has traído. Cuando realizo la separación de tu muestra, los resultados indican que hay de 4 a 6 onzas por tonelada de paladio, de 12 a 14 onzas de platino, 150 onzas de osmio, 250 onzas de rutenio, 800 onzas de iridio y 1.200 onzas de rodio». Al comparar estos datos, nos dimos cuenta de que habían 1.200 onzas por tonelada de un elemento y de 4 a 6 onzas de otro. Aunque estas cifras son muy divergentes, coinciden con las que obtuvimos con el análisis espectroscópico. Entonces, el doctor en física separó el rodio puro de una solución de cloruro de rodio de color rojo sangre. Como aquellos que entendéis algo de química sabréis, no hay muchos elementos cuyos cloruros tengan este color. Cuando hizo la neutralización por hidróxido, obtuvo un precipitado en forma de hidróxido. Después, lo filtró, lo dejó secar y lo introdujo en un horno de tubo donde tenía control atmosférico. A continuación, lo oxidó a 800 grados centígrados, que es la temperatura del rojo, lo redujo por hidrógeno, y de este modo obtuvo un polvo gris.

Entonces, lo oxidó de nuevo y obtuvo un óxido de color entre rojo y marrón, que es el color del bióxido de rodio. Luego, lo enfrió y puso un tercio de la muestra en un frasco sellado. A continuación, introdujo el resto en un horno de tubo, lo oxidó de nuevo y lo redujo por hidrógeno. Después, enfrió la muestra, la sacó del horno de tubo y colocó la mitad en otro frasco sellado. Finalmente, introdujo de nuevo el tercio restante en el horno de tubo y lo recoció a 1.400 grados centígrados, y se convirtió en un polvo blanco como la nieve.

Por lo tanto, teníamos tres muestras: un bióxido de color entre rojo y marrón, el mismo bióxido reducido por hidrógeno y una sustancia recocida en atmósfera de gas inerte. La primera muestra debía ser un óxido, la segunda, el elemento propiamente dicho, y la tercera, en realidad no lo sé, pero se supone que debía ser el mismo elemento. Cuando enviamos las tres muestras a Pacific Spectrachem en California, una de las compañías con más experiencia de ese estado, dijeron que el bióxido de color entre rojo y marrón era hierro. Solo con ver su color podíamos adivinar lo que era. En la muestra reducida por hidrógeno, el hierro había desaparecido y se había convertido en sílice y aluminio. Y la tercera muestra, que debía ser sílice y aluminio simplemente recocido en argón, se había convertido en sílice y calcio, no había aluminio.

Entonces, el doctor en física me dijo: «David, en todos los años en que he trabajado con Pacific Spectrachem, nunca he tenido ningún problema con ellos, hasta que te conocí. Aunque sé que esto es rodio puro, ninguno de los análisis espectroscópicos pueden detectarlo». El hierro puede formar un cloruro de color entre rojo y marrón, pero el sílice, el aluminio y el calcio no forman sales de ningún color. No obstante, al disolver por fusión y ácido clorhídrico la muestra que ellos aseguraban que era sílice y calcio, obteníamos de nuevo el cloruro de color entre rojo y marrón. ¿De dónde había salido? Entonces, el doctor en física me dijo: «David, esto no tiene sentido. Contradice todo lo que aprendí en la universidad y en la escuela de graduados. Lo voy a enviar a mis profesores en el estado de Iowa». Así pues, disolvimos las soluciones de cloruro de color entre rojo y marrón en ácido clorhídrico. Evaporamos las sales, que ahora eran de cloruro rojo, y las enviamos a la Universidad de Iowa con la pregunta: «¿Qué metal está presente en esta sal?».

La respuesta que recibimos de la Universidad de Iowa fue: «Hay cloro». Bueno, el cloro es un gas. De acuerdo, hay cloro, pero ¿con qué reacciona el cloro para formar este material cristalino? Y ellos contestaron de nuevo: «Hay cloro». Y volvimos a preguntar: «Sí, pero, ¿con qué metal está combinado el cloro?». No lo sabían.

[30:45] Así pues, decidimos utilizar métodos más sofisticados. Puesto que al hacer la espectroscopia estos elementos comenzaban a hervir a los setenta segundos, volvimos a calentar una muestra y nos detuvimos al llegar a sesenta y ocho segundos. Por lo tanto, ahora solo debían permanecer estos elementos, junto con el carbono y el electrodo. Sacamos la perla de metal con un pequeño cuchillo y la enviamos a Harwell Laboratories en Londres, los laboratorios del gobierno británico, para que hicieran un análisis de activación neutrónica.

Esta clase de análisis no consiste en estudiar el estado de los orbitales de los electrones, sino el núcleo de los átomos del elemento. Los resultados llegaron: «No se han detectado metales preciosos». Apareció en los análisis algo de carbono, pero ningún metal precioso. Sin lugar a dudas, esto ya era demasiado. Disponía de todos los medios materiales y humanos que el dinero podía comprar. Había contratado a un doctor en física y químico analista que había trabajado durante nueve años y medio, que podía separar físicamente cualquier elemento conocido por el hombre y que, sin embargo, lo único que podía decirme era: «David, esto es imposible, no puedo entenderlo».

Finalmente, pedimos a Johnson Matthey metales estándar de paladio, platino, rutenio, rodio, iridio y osmio, y averiguamos cómo hacerlos desaparecer. Podíamos coger cloruro de rodio puro, analizarlo y comprobar que era rodio, y hacer que desapareciese de los instrumentos de análisis mediante un proceso de evaporación repetida con sal. Todavía era una solución de cloruro de color rojo sangre que podía someterse a procesos químicos, pero al analizarlo, no aparecía el rodio. No obstante, era rodio estándar puro.

Lo hacíamos desaparecer gracias a un proceso de desagregación. Entonces, separamos los metales estándar puros y los llevamos a General Electric, una de las grandes compañías en empleo de instrumentos y alta tecnología, que estaba fabricando lo que ellos denominan pilas de combustión utilizando rodio e iridio. En particular, el rodio es muy importante en esta tecnología. Lo utilizan como electrolito de polímero sólido porque no se empobrece al contacto con el monóxido de carbono. Así pues, durante la eliminación del hidrógeno de los combustibles hidrocarburos que los tejanos tanto conocéis, se obtiene monóxido de carbono y bióxido de carbono, que empobrecen el platino, y este deja de funcionar al cabo de un par de semanas. Sin embargo, el rodio no se empobrece al contacto con el monóxido de carbono y, en consecuencia, no es necesario disponer de hidrógeno puro, sino que se pueden utilizar combustibles hidrocarburos.

Cuando llegué a General Electric, hablé con siete personas, que me presentaron al químico catalítico con mayor experiencia, Tony LaConti. Este me dijo: «David, sabemos que los estándars comerciales de Johnson Matthey aparecen con nitidez en los análisis, pero cuando los desagregamos mediante un proceso de fusión en partículas más pequeñas, no lo hacen de manera tan clara». Entonces, me sugirió: «David, no me importa si tu sustancia aparece o no en los análisis. Tu historial es tan bueno como el de cualquier otro cliente. Envíanos una muestra, la colocaremos en nuestras pilas de combustión, y si funciona de la manera en que se supone que debe hacerlo, ¿a quién le importa cómo la llames?». Esta persona debía haber sido granjero, tenía una forma lógica de pensar (risas del público).

Así pues, nos pidió que separáramos el equivalente en miligramos a unas tres onzas de rodio, y cuando lo conseguimos al cabo de cuatro o cinco meses, John, el doctor en física, quiso refinarlo de nuevo. Cuando por fin lo tuvimos preparado, General Electric había vendido su tecnología de pilas de combustión a United Technologies, que había diseñado otra clase de pilas de combustión. Querían la tecnología del polímero sólido de General Electric para sus sistemas de ventilación para submarinos. Entonces, los empleados de General Electric se fueron a trabajar para United Technologies durante seis meses. Después, José Giner, el encargado del departamento de pilas de combustión de United Technologies, formó su propia empresa en Waltham, Massachusetts [Giner Inc., 14 Spring Street, Waltham Ma., 02154-4413], y la mayoría de los empleados procedentes de General Electric se fueron con él. Por lo tanto, cuando teníamos preparada sustancia para hacer los ensayos, los empleados ya no estaban en General Electric, sino en Waltham, Massachusetts, así que contratamos a esta compañía para que hiciera los ensayos con las pilas de combustión.

Habíamos analizado nuestra sustancia antes de enviársela a Giner, y el rodio no contenía rodio ni el iridio contenía iridio. Sin embargo, cuando la montaron en carbono y la colocaron en las pilas de combustión, comprobaron que era un catalítico extractor de hidrógeno y que era estable con respecto al monóxido de carbono. ¿De acuerdo? Realizaba la misma función que una onza de rodio que en aquel momento costaba unos 10.000 dólares, aunque creo que ahora el precio ha descendido unos 1.000 dólares. Por lo tanto, pusieron en marcha las pilas de combustión durante tres semanas en período de prueba, y cuando las desmontaron y analizaron el carbono, descubrieron que había aparecido misteriosamente un 6% de rodio en los electrodos.

[36:47] Entonces, me dijeron: «David, que nosotros sepamos, nadie conoce la existencia del rodio en este estado. Por lo tanto, si eres capaz de describir su proceso de fabricación a partir de un material comercial conocido, puedes patentarlo». Así pues, visité a sus abogados especializados en patentes en Washington, D.C., y en 1988 solicité patentes en Estados Unidos y otros países de once elementos en su estado monoatómico orbitalmente reordenado. Este nombre se nos ocurrió un día cuando viajábamos en avión: elementos monoatómicos orbitalmente reordenados. Hasta ese momento habíamos descubierto que la química de la sustancia había cambiado, que era completamente inerte y que no actuaba como un metal, que no tenía ningún electrón de valencia disponible para realizar enlaces químicos y que había cambiado la configuración de su núcleo. Todavía no lo entendíamos por completo, pero estábamos seguros de todo esto.

A continuación, envié la sustancia al departamento de patentes de los Estados Unidos y rellené otras once patentes sobre unos fenómenos muy interesantes. Si coges un gramo de oro, rodio o iridio y los transformas mediante un proceso de desagregación en su forma monoatómica, el último producto que obtienes antes de convertirlos en un elemento monoatómico puro es aururo de hidrógeno, rodiuro de hidrógeno o iridiuro de hidrógeno. Como algunos de vosotros sabréis, este es un estado menos uno, lo cual significa que el hidrógeno posee una carga eléctrica positiva mayor que estos elementos. Por lo tanto, no se trata de hidruro de oro, sino de aururo de hidrógeno. Si tenéis curiosidad, podéis encontrarlo en los manuales de química. Entonces, cuando recocemos estas sustancias y extraemos un protón, adquieren un color blanco como la nieve. Todos estos elementos en su forma monoatómica pura tienen este color. Su aspecto es parecido al de la harina que utilizan las mujeres para cocinar, no parecen metales. El aururo de hidrógeno es de color gris, pero el material deshidrogenado es de color blanco como la nieve. Es muy mullido y tiene una densidad de dos y medio, mientras que la densidad del metal es de diecinueve. ¿De acuerdo?

Esto no es en absoluto como debería ser, pero es así. Lo más increíble de esta sustancia es que resulta muy difícil de pesar. Tomamos su peso una y otra vez para poder indicarlo en la solicitud de la patente, puesto que en este departamento son muy meticulosos, pero no obteníamos resultados concluyentes. Cada vez pesaba más y no conseguíamos averiguar su verdadero peso.

Entonces, adquirimos una máquina llamada análisis termogravimétrico. ¿Cuántos de vosotros sabéis lo que es un análisis termogravimétrico? Solo algunas personas al fondo de la sala. Se trata de una máquina que tiene una microbalanza con la que se puede pesar la muestra en una atmósfera controlada, de manera que la puedes calentar y pesar al mismo tiempo. Normalmente se utiliza para oxidar metales y comprobar el aumento del peso del óxido, la reducción de hidrógeno y la pérdida de óxido. También se puede comprobar la disminución del peso de los metales cuando fallan por calentamiento. Por lo tanto, pensé que íbamos a poder controlar esta sustancia, sin interferencias como la absorción de gases de la atmósfera.

[40:54] Después de nueve o diez meses de análisis por ordenador, día y noche, semana tras semana, mes tras mes, descubrimos que cuando la sustancia adquiere el color blanco como la nieve, solo conserva el 56% de su peso inicial. Esto es realmente preocupante. Entonces, nos preguntamos: «¿Dónde se ha ido la masa? ¿Por qué no se puede pesar?». Después de recocer la sustancia una y otra vez, podía pesar menos que el recipiente en el que se encontraba, lo cual es menos que nada, o trescientas o cuatrocientas veces su peso inicial, dependiendo de que la calentáramos o la enfriáramos. La máquina se puede revisar con materiales magnéticos estándar que, según la temperatura a la que sean sometidos, ganan o pierden magnetismo. De este modo, se puede comprobar si la bobina de calefacción emite algún campo magnético que pueda afectar al peso de la muestra. Aunque hicimos las pruebas y no pudimos encontrar ninguna avería en la máquina, cuando colocas esta sustancia y la conviertes en polvo blanco, solo conserva el 56% de su peso inicial.

No obstante, si colocas este polvo blanco sobre un trozo de cuarzo y calientas ambos hasta que se fundan, el polvo adquiere un color negro y recupera su peso. Esto no tiene sentido, es imposible que ocurra, pero es así.

Por lo tanto, decidimos averiguar por qué cambiaba el peso de la sustancia. Fuimos a Varian Corporation [Varian Associates Inc., 3050 Hansen Way, Palo Alto, CA, 94304 (415) 493-4000] que está en Stanford, les enseñamos los resultados de los análisis, y dijeron: «Sr. Hudson, si estas muestras estuvieran a una temperatura más baja, diríamos que es un superconductor». Un superconductor es un material que responde a campos magnéticos muy pequeños. Aunque la bobina de calefacción de la máquina de análisis termogravimétrico es bifilar, es decir, que la electricidad circula en una dirección a través de un cable y vuelve en dirección contraria por otro, los campos magnéticos que se generan no se cancelan por completo. Siempre queda un pequeño campo magnético residual porque los cables no están uno encima del otro, sino que son paralelos. Este campo magnético no es lo bastante intenso para afectar a un imán normal, pero sí a un superconductor. En realidad, un superconductor puede responder a un campo magnético de 2 elevado a la menos 15 ergios. Entonces, les pregunté: «¿Qué es un ergio?». Y me contestaron que hay 10 elevado a la 18 ergios en un gausio. El campo magnético de la Tierra, con el que se alinean las brújulas, es 0.7 gausios. Por lo tanto, es de casi un gausio, y hay 10 veces, 10 veces, 10 veces, 10 veces, 10 veces… 18 veces ergios en un gausio. Y un superconductor puede responder a un campo magnético 2 veces elevado a la menos 15 ergios, o 0.00000000…, 15 veces, con 2 ergios. [nota del mecanógrafo: 0.000000000000002].

[44:40] En algunas revistas científicas se pueden ver fotografías del cerebro con diferentes partes iluminadas cuando una persona come algo agrio o dulce. ¿Cómo se pueden detectar estos patrones de pensamiento en el cerebro? Gracias a los superconductores, que pueden reconocer cualquier alteración en un campo magnético. Son extraordinariamente sensibles. Por lo tanto, si la sustancia que estábamos estudiando era un superconductor, incluso un pequeño campo magnético producido por una bobina de calefacción podía causar que levitara o se hundiera. Puesto que un superconductor no rompe las líneas de un campo magnético, se resiste a moverse dentro de él y, en consecuencia, levita y no se puede pesar. Cuando subíamos la balanza, la sustancia pesaba más, y cuando la bajábamos, pesaba menos porque flotaba por encima del campo magnético. Si se manipula de este modo un superconductor, los resultados de los análisis no tienen ningún valor.

Cuando comencé a investigar sobre este tema, leí en un libro que en Europa se ha descubierto que la temperatura de los átomos de los metales es de alrededor de los 350 grados Kelvin, dependiendo del metal. A medida que se desagregan los racimos de átomos de los metales y son más pequeños, la temperatura de los átomos disminuye. La temperatura de un racimo de tres átomos es de unos 23 grados Kelvin, la de un racimo de dos átomos es de unos 12 grados Kelvin, y la de un átomo todavía no la conocen, pero en teoría debe ser de unos 2 o 3 grados Kelvin. Así pues, la temperatura interna de un solo átomo es de casi el cero absoluto. Esta temperatura no está relacionada con la del entorno en que se encuentra el metal. Lo que estábamos haciendo era calentar y enfriar un sistema monoatómico, el cual emitía energía. Habíamos programado la máquina para que analizara la sustancia con un termómetro diferencial y descubrimos que esta emitía más calor del que aportábamos al calentarla.

Estos datos también los tenemos en un gráfico. En realidad, al calentar la sustancia estábamos enfriando los átomos porque su temperatura interna no está relacionada con la externa. El único modo en que un elemento puede retener energía es por medio de enlaces químicos o cristalinos, y ninguno de ellos es posible en un sistema monoatómico. Por lo tanto, solicitamos once nuevas patentes, esta vez sobre el estado superconductor de los elementos monoatómicos en estado de alto espín. Encontramos documentos publicados en 1989, 1990 y 1991, en los que el Niels Bohr Institute, el Argon National Laboratories y el Oak Ridge National Laboratories confirman la existencia de los elementos que había patentado en estado de alto espín, en su forma monoatómica. Estos elementos no adquieren el estado de alto espín ni siquiera en su forma diatómica, solo en su forma monoatómica. El término que se utiliza en la comunidad científica para definir este fenómeno es núcleo deformado asimétricamente y en estado de alto espín. Se han publicado ensayos sobre los elementos cuyos núcleos de los átomos están deformados asimétricamente y en estado de alto espín, y se ha descubierto que en teoría deben ser superconductores. Esto es debido a que los átomos en estado de alto espín pueden transmitirse energía sin que ninguna parte de esta se pierda. ¿De acuerdo?

[48:32] Mañana, en el taller, os enseñaré los documentos publicados hasta ahora, entre los que se encuentran los artículos de la Scientific American y otros ensayos sobre estos elementos. Podréis conocer las investigaciones del Niels Bohr Laboratories, Argon National Laboratories, Oak Ridge National Laboratories sobre cada uno de los elementos y sus núcleos deformados asimétricamente y en estado de alto espín, que demuestran que son estables en este estado y que no son isótopos radioactivos. Sin embargo, este estado solo se produce en forma monoatómica. Cuando los elementos están en este estado, no quieren volver a ser metales, sus átomos se rechazan entre sí. No pueden convertirse en metales hasta que el espín del núcleo de sus átomos regrese a su estado normal.

Como veréis, aunque no era más que un sucio granjero, había tenido que aprender física, química y superconductividad. Y entonces, para terminar de complicarme la vida, mi tío me enseñó un libro y me dijo: «David, lee este libro, pienso que te gustará». Se titulaba Los secretos del alquimista y formaba parte de la serie Time-Life, y yo le contesté: «¿De qué me estás hablando, Caleb? Yo no necesito leer este libro, trata sobre la alquimia y lo oculto». Pero él insistió: «David, tienes que leer este libro. Habla sobre un polvo blanco de oro». ¡Oh…!

Así pues, comencé a leer el libro. En él se afirma que la piedra filosofal es un polvo blanco de oro que contiene la luz de la vida.

Por lo tanto, cogimos varios cerebros de terneros y cerdos, e hicimos una destrucción del material orgánico y un análisis de metales, y descubrimos que más del 5% del peso sobre materia seca de los cerebros de los terneros y cerdos eran rodio e iridio en estado de alto espín. Y nadie en el campo de la medicina conoce esto.

Mañana os enseñaré los documentos en los que la U.S. Naval Research Facility confirma que la superconductividad es el vehículo de comunicación entre las células de nuestro cuerpo, aunque no sepan de dónde procede. Es como si hubiera un átomo escondido y nadie supiera dónde está (risas del público). Nadie puede detectarlo, al igual que los elementos que he descubierto.

Si la piedra filosofal era el polvo blanco de oro, tenía que averiguar si funcionaba. ¿En realidad poseía las propiedades que se le atribuyen? Se dice que no solo cura todas las enfermedades conocidas por el hombre, sino que también puede cambiar nuestra naturaleza y convertirnos en personas diferentes.

Así pues, ¿nos tomamos un descanso? De este modo, podremos estirar las piernas y creo que nuestra anfitriona tiene disponible todo tipo de información. Y después entraremos en la parte filosófica, lo que es en realidad, qué papel desempeña en nuestra vida y cómo podemos utilizarlo. ¿De acuerdo?

Segunda parte

[52:17] Antes de comenzar la segunda parte, Cheyenne ha insistido en grabar lo que os voy a decir ahora. En las dos conferencias que he dado en el Global Sciences permití que algunas personas hicieran grabaciones y les dije: «Estas cintas solo son para los que hayáis asistido a la conferencia», pero estas personas han hecho copias y he recibido llamadas telefónicas incluso de Alemania y Sudamérica. Por favor, os pido que no hagáis copias de estas cintas, puesto que solo son para los que hayáis asistido a la conferencia y queráis escucharla de nuevo. Podéis oírlas con otras personas, pero, por favor, no hagáis copias. Hay gente que las ha conseguido y no está preparada para escucharlas. Debéis preguntaros por qué no se habla de este tema en la radio o en los periódicos, y es porque no quiero aparecer en estos medios. He recibido invitaciones de la NASA para hablar sobre superconductividad y no las he aceptado. También me han invitado a diferentes programas de radio, pero no todo el mundo está preparado para escuchar esto.

Pienso que la mayoría de vosotros podéis comprender lo que es el polvo blanco de oro y por qué está aquí, pero la gente de la calle no puede entenderlo, es como si les hablaras en otro idioma. Lo más probable es que digan: «¿Qué está diciendo ese hombre? Debe estar mal de la cabeza». Todo lo que os puedo decir es que parece que este tema está protegido. Así pues, os pido delante de las cámaras que, por favor, no hagáis copias de las cintas, ¿de acuerdo?

Bueno, volvamos a la sustancia alquímica. Cuando empecé a interesarme por la alquimia, puesto que el polvo blanco de oro se supone que es una sustancia alquímica, leí toda clase de libros, y lo primero que encontré fue que el polvo blanco de oro está relacionado con el sacerdocio de Melchizedec. Por lo tanto, fui a visitar al rabino Plotkin, uno de los más eruditos de Arizona, al Templo Beth Israel en Phoenix, y le pregunté: «Rabino, ¿ha oído hablar alguna vez del polvo blanco de oro?», y él me contestó: «Oh, sí, Sr. Hudson, pero que yo sepa, nadie ha sabido cómo fabricarlo desde la destrucción del primer templo». También me dijo: «El polvo blanco de oro es la magia. Puede utilizarse para hacer magia blanca o magia negra».

Y cuando descubres lo que es el polvo blanco de oro, empiezas a entender estas palabras. Por lo tanto, al continuar mi investigación histórica, descubrí que este polvo está relacionado con los antiguos habitantes del valle del Tigris y el Éufrates. Ellos decían que lo habían recibido de los dioses. Siempre se representa en los escritos como una piedra triangular el doble de alta que de ancha, como un pirámide alargada. Creo que Zecharia Sitchin se refiere a ella como la piedra azinder. Y todos sus textos sagrados comenzaban siempre con este símbolo. Precisamente, en los antiguos textos egipcios, a este polvo se le llama ¿qué es esto?, y en los papiros de Ani encontrados en la tumba del faraón Pepe II del antiguo imperio egipcio, dice: «Soy purificado de todas las imperfecciones, ¿qué es esto? Asciendo como el halcón dorado de Horus, ¿qué es esto? Me acerco a los inmortales sin morir, ¿qué es esto? Me coloco frente al trono de mi padre, ¿qué es esto?», y continúa de este modo, página tras página, describiendo los poderes que se adquieren en el proceso de ascensión, pero se detiene una y otra vez para hacer la misma pregunta: «¿Qué es esto?».

Esto fue escrito 2.800 o 2.900 años a. de C., y siempre hacen la misma pregunta: «¿Qué es esto?». Cuando busqué en un diccionario hebreo, encontré que la palabra hebrea para preguntar ¿qué es esto? es Ma-Na. Maná significa ‘¿Qué es esto?’. Y entonces comprendí que los hebreos, que vivieron en Egipto durante generaciones, eran los artesanos, los metalúrgicos. Y luego abandonaron Egipto y se llevaron el conocimiento con ellos. Velikovsky, en su libro titulado Época de caos, afirma que cuando los hebreos abandonaron Egipto, los egipcios decidieron perseguirlos, y se han encontrado escritos en Egipto donde se dice que el faraón y su ejército perecieron en medio de un torbellino de agua. Esto ocurrió justo al final del imperio antiguo de Egipto.

Recordad que la Biblia dice que los hebreos, al salir de Egipto, se encontraron en la península del Sinaí con los amalecitas y que Moisés quería luchar contra ellos, pero el pueblo hebreo dijo: «Esta es una tribu sanguinaria, son cientos de miles, no queremos luchar contra ellos». Y, por lo tanto, evitaron el enfrentamiento. Pues bien, Velikovsky descubrió que en ese momento, en Egipto estaban sufriendo una plaga y que también había plagas en el valle del Tigris y el Éufrates, y que la tribu dominante, los amalecitas, habían salido del valle del Tigris y el Éufrates al mismo tiempo que los hebreos salían de Egipto. Y que se cruzaron en el Sinaí, los hebreos dirigiéndose hacia el este, y los amalecitas, hacia el oeste. Cuando estos últimos llegaron a Egipto, no encontraron ni al faraón ni a su ejército, porque los árabes habían exterminado a la población y lo habían saqueado todo. Solo respetaron las castas más bajas para convertirlas en esclavos, pero asesinaron a los demás. Destruyeron los templos y la civilización del imperio antiguo de Egipto. Cuando se dieron cuenta de lo que habían hecho, era demasiado tarde y el conocimiento se había perdido. Los únicos que a partir de ese momento sabían cómo fabricar el polvo blanco de oro eran los hebreos, que estaban en la península del Sinaí.

Entonces, en el antiguo Egipto comenzaron a hacer las ceremonias de la apertura de la boca y a momificar a sus líderes, esperando que este conocimiento volviera y los líderes resucitaran, pero se había perdido. Por lo tanto, si estudiáis el imperio antiguo de Egipto, descubriréis que nunca se ha encontrado el cuerpo de un faraón ni de un sumo sacerdote perteneciente a este imperio. Nunca. Y ellos aseguraban en sus textos que no morían, que ascendían la escalera al cielo. Y si leéis acerca de lo que hacían y de adónde iban, os daréis cuenta de que coincide con las descripciones de los habitantes del valle de Tigris y el Éufrates, que ascendían la escalera al cielo. Estos últimos mencionan una isla llamada Bahrain, justo al lado de la península del Sinaí. Había una ciudad que se llamaba Kilmun o Dilmun, y los arqueólogos han encontrado los restos de esta ciudad y el lugar bajo tierra donde el agua dulce brota por debajo del nivel del mar y se mezcla con el agua salada.

Esta historia comienza con el primer rey mortal en el valle del Tigris y el Éufrates, Gilgamesh, y su búsqueda de la inmortalidad. Recibió el mensaje de que viajara a la tierra donde se pone el sol, que en realidad es lo que significa la palabra Arabia. Y viajó hasta la desembocadura del Tigris y el Éufrates, cruzó el océano y llegó a esta isla, donde vivía el hombre que había sobrevivido al diluvio, y que nosotros conocemos como Noé, y al que había estado buscando. Este hombre había vivido 900 o 1.000 años, tenía tres hijos que vivieron más de 900 años, y poseía este conocimiento.

Ahora volvamos a los hebreos que habían salido de Egipto. Todos los egipcios que sabían cómo fabricar el polvo blanco de oro habían sido asesinados y no había manera de resucitarlos. Sin embargo, los hebreos tenían este conocimiento, y Moisés ordenó a Bezaleel, el herrero, que prepara el ¿qué es esto?, el maná, o el pan de la presencia de Dios, como también se conocía en el imperio antiguo de Egipto, donde también lo llamaban la lágrima dorada del ojo de Horus, lo que sale de la boca del Creador, es decir, su saliva, y también el semen del Padre en el cielo. Cuando se mezcla el polvo blanco de oro con agua, forma una suspensión gelatinosa que, como granjero puedo atestiguar, tiene el mismo aspecto que el semen que se utiliza para inseminar a los animales. Sí, esto sería una buena descripción si tuviera que explicarle a alguien qué aspecto tiene.

Este es el fundamento de todas las religiones del mundo. ¿Cuántas veces hemos escuchado: «Lávate, purifícate, prepárate como una novia en la cámara nupcial para la llegada del Padre»? Lo que nunca nos dicen es que en la cámara nupcial eres inseminado con el semen del Padre en el cielo. Y esto ocurre durante un ayuno de cuarenta días, llamado el rito egipcio de la transición. Hacían ayuno durante nueve días para limpiar el aparato digestivo y después tomaban el semen del Padre en el cielo durante los treinta días siguientes. Este último también era llamado el pan de la vida, y se mezclaba con agua para formar lo que llamaban el agua viva. ¿De acuerdo? Esta sustancia fue lo que Moisés ordenó a Bezaleel, el herrero, que fabricara. Bezaleel no era un panadero ni una mujer, sino un herrero que preparó el pan de la presencia de Dios y lo colocó en una mesa dorada frente al Arca de la alianza. Recordad que en el Arca de la alianza estaban las piedras a través de las cuales Dios habló a Moisés y le entregó los diez mandamientos.

Y la Biblia dice que en la cima del monte Sinaí había fuego y humo. Era como si allí hubiera una fragua. Debemos recordar que Moisés había estado antes en el área del Sinaí, donde había minas de cobre. En realidad, pienso que había una fragua en el monte Sinaí, porque a 1.160 grados, el polvo blanco de oro se funde en un cristal tan transparente como el de una ventana. Sin embargo, es oro puro, no es un compuesto de oro, sino oro puro. Puedes ponerlo en un mortero y molerlo hasta convertirlo de nuevo en polvo, pero tiene exactamente el mismo aspecto que un cristal.

Una de las características especiales del oro, en comparación con otros elementos, es que se puede purificar por destilación. A 450 grados, el oro se disgrega y se transforma en gas, y se puede recondensar y recoger de nuevo en forma de polvo. Por lo tanto, puedes purificarlo una y otra vez repitiendo la destilación, hasta obtener una sustancia muy pura. A esta sustancia se le llama rocío blanco, condensado blanco, paloma blanca o se representa como una pluma blanca en los textos de alquimia porque se puede purificar como cualquier sustancia volátil. ¿De acuerdo? Todos los símbolos en los que una paloma nos da de comer o en los que recibimos una paloma blanca, están relacionados con la alquimia. Por lo tanto, como dice el rabino, este conocimiento fue guardado por lo hebreos hasta la destrucción del primer templo.

¿Qué ocurrió antes de que el primer templo fuera destruido? Todos sabemos que Salomón había dejado embarazada a una mujer que había llegado de Egipto y que, en realidad, era la faraona. ¿Cuál era su nombre? ¿Hatshepsut? Era la faraona de Egipto, que llegó al templo de Salomón y se quedó embarazada, y después volvió a Egipto y dio a luz a un hijo cuyo nombre era Menelik. Este volvió a Jerusalén cuando tenía veintiún años para que Salomón lo reconociera como su hijo. Y Salomón, por supuesto, lo reconoció, pero los Levitas, los sumos sacerdotes, no lo hicieron porque era mestizo. Después de haber cultivado la pureza racial durante tanto tiempo, aparecía este mestizo como primogénito de Salomón, destinado a ser el rey de Jerusalén. Entonces, los Levitas le dijeron a Salomón: «Debes desterrar a tu hijo». Y este, con su infinita sabiduría, contestó: «De acuerdo, pero si lo hago, vosotros, los Levitas, debéis desterrar también a vuestros primogénitos». Y, de este modo, los primogénitos de los Levitas se marcharon con Menelik, y se llevaron el Arca de la alianza.

Y allí es donde fue el Arca de la alianza, a Egipto. Cuando los hebreos descubrieron que el Arca de la alianza había desaparecido, se dieron cuenta de que los hombres que se la habían llevado eran los que tenían autoridad para cuidad de ella por derecho de sangre. Eran los primogénitos de los Levitas y el rey, y al ser desterrados, se llevaron el Arca de la alianza. Hoy en día, los hebreos no desean recordar este suceso, porque debido a su ignorancia perdieron el Arca de la alianza. Y los sacerdotes de Aarón y los rabinos no quieren hablar de la partida de Jerusalén de los sumos sacerdotes, pero fueron a Egipto. El Arca de la alianza fue guardada en Egipto, en la isla de Elefantina, donde construyeron un duplicado exacto del templo de Salomón, y esto lo podéis leer en el libro de Graham Hancock titulado El sello y la señal. Esta información es correcta, puesto que los arqueólogos han realizado excavaciones en la isla de Elefantina y han encontrado ruinas con las dimensiones exactas del templo de Salomón, los cimientos y el lugar donde se guardaba el Arca de la alianza. En el templo de Luxor registraron el botín que Thutmose II obtuvo cuando se convirtió en faraón y saqueó el templo de Salomón, y en la lista no estaba el Arca de la alianza porque ya la tenían. En esta lista aparecen primero los objetos de oro, luego los de plata y finalmente los de cobre. Entre los de oro se encuentra esta pirámide alargada que representa el pan de la presencia de Dios. Es el mismo símbolo del que os hablé antes, que siempre aparece en la ceremonia sagrada, con el rey ofreciendo el pan, el pan blanco al símbolo del Arca de la alianza, con Anubis negro sentado sobre él. Anubis representa el aparato digestivo y el rey hace esta ofrenda al guardián del secreto, es decir, que ofrece el polvo blanco de oro al aparato digestivo y comienza el proceso de transformación.

Entonces, ¿qué efectos produce? No soy médico y no puedo ejercer la medicina. Cualquier producto que se administre a una persona con el objetivo de curar alguna enfermedad es una medicina. Por lo tanto, no puedo deciros delante de las cámaras las investigaciones que se han hecho con él, lo que los médicos que lo han prescrito han descubierto, pero puedo deciros que con una dosis de 2 mg. al día ha curado el Sarcoma Karposi de pacientes de SIDA. Teniendo en cuenta que hay 32.000 mg. en una onza, 2 mg. es una cantidad muy pequeña, y puede curar el Sarcoma Karposi. Puedo deciros que con solo inyectar 2 mg. a una persona, sus leucocitos pueden aumentar en dos horas de 2.500 a 6.500. Puedo deciros que pacientes con cáncer avanzado lo han tomado vía oral y después de cuarenta y cinco días el cáncer había desaparecido por completo. No puedo dar más detalles. Hablaré de ello cuando las cámaras dejen de filmar.

No soy médico. Mi objetivo no es curar enfermedades, pero quería comprobar si funciona. Se ha utilizado contra la enfermedad de Lou Gehrig, contra la artritis y otras enfermedades, y los resultados son favorables. Pero su verdadera finalidad no es actuar como medicina.

La función de esta sustancia es elevar la conciencia de la humanidad. Si hay personas que no pueden entenderlo, lo siento por ellas, porque esta es su verdadera finalidad. Por lo tanto, lo hemos administrado en dosis elevadas a personas que no sufren ninguna enfermedad. No sabíamos qué efectos iba a producir. Así pues, el primer hombre que lo tomó hizo un ayuno intenso de cuarenta y dos días. Durante los primeros nueve días solo bebió agua, y al décimo comenzó a tomar 500 mg. diarios de esta sustancia. Esto no era oro, sino rodio e iridio. El motivo para elegir estos elementos es que de forma natural están en nuestro cuerpo. Están en el gel Aloe Vera, en Ace Mannan, en Man Aloe, en el zumo de zanahoria y en el de uva, en el extracto de semillas de uva, en la corteza de olmo y en muchos otros lugares. Por lo tanto, es algo natural, no es una composición química, no es una droga. Es un elemento básico y podemos tomarlo al igual que una pastilla de hierro. La diferencia está en que por los átomos de esta sustancia fluye la luz de la vida en nuestro cuerpo.

Los egipcios decían: «Debes alimentar tu cuerpo físico para que crezca y realice sus funciones. Si no lo haces, estarás débil e incluso puedes morir». También decían que tenemos un cuerpo de luz, y que debemos alimentarlo al igual que hacemos con el físico. La razón de que no lo alimentemos es que no sabemos con qué hacerlo.

El rito egipcio de la transición consistía en tomar 500 mg. diarios de esta sustancia durante treinta días, y queríamos conocer los resultados. Después de tomarla durante cinco o seis días, este hombre empezó a oír un sonido de frecuencia muy alta, que cada día iba aumentando de volumen. Cuando finalizó el ayuno, dijo que era como si hubiera altavoces dentro de su cerebro, como un rugido. Es el mismo sonido que se dice que hay que encontrar y escuchar cuando meditas, aunque los meditadores no suelen oirlo en la vida diaria. Sin embargo, este sonido rugía en la cabeza de este hombre día y noche, rugía mientras hablaba por teléfono o mientras trabajaba. Entonces, le pregunté: «¿Es molesto? ¿Es un sonido irritante?», y él me contestó: «En absoluto. Es como néctar porque no entra por los oídos, sino que se origina dentro del cerebro».

Esto me resulta difícil de entender. Probablemente resulte difícil de entender para cualquiera. Me dijo: «David, es como néctar. Deseas dejarte llevar por este sonido y olvidarte de todo lo demás». Al finalizar el ayuno de cuarenta y dos días, hizo un régimen de limpieza para eliminar las toxinas acumuladas en su cuerpo y volvió a comer carne y verduras con normalidad. Él supuso que este sonido disminuiría hasta desaparecer, pero no ocurrió de este modo. El sonido continuó aumentando de volumen. A partir de los sesenta días comenzó a tener sueños, visiones y revelaciones. Lo que os voy a contar ahora puede parecer extraño, pero seres de luz comenzaron a visitar a este hombre y a impartirle enseñanzas. Ellos nunca hablan, sino que se comunican con él por telepatía. Y esperando no ofender a nadie, también lo visita una mujer y mantienen relaciones sexuales.

No pude entender esto hasta que leí unos antiguos textos védicos en los que 2.000 años a. de C. se hablaba de mantener relaciones sexuales con los ángeles. Después de siete meses comenzó a tener orgasmos. Todos los presentes somos adultos y, por lo tanto, os lo voy a explicar. No tiene erección, no eyacula, pero tiene orgasmos. Cuando le pregunté: «¿Es agradable?», me contestó: «Es como los reales». Llegó un momento en que tenía siete u ocho diarios.

También me dijo: «David, el sonido parece originarse unas ocho pulgadas por encima de mi cabeza y desciende hasta mi cerebro. Es como una banda que rodea mi cabeza y suena dentro de ella. Puedo sentir la vibración por todo el cuerpo». Los orgasmos comenzaron al cabo de siete meses, se hicieron cada vez más frecuentes y es algo que no puede controlar, que simplemente sucede. Ahora suele dormir hora y media o dos al día, no necesita dormir siete u ocho horas diarias como la mayoría de nosotros. Una noche, a las cuatro de la madrugada, decidió dejarse llevar por este orgasmo para ver lo que ocurría. Me dijo que se originó en la pelvis, y dejó que aumentara, y a continuación sintió cómo subía hasta el estómago, después hasta el pecho y hasta la cabeza, y me dijo: «Todo mi cuerpo estaba envuelto en este orgasmo. Sentí calor. Pienso que si alguien me hubiera tocado en aquel momento, se habría quemado. Entonces, de repente, una columna de energía salió por encima de mi cabeza».

Hace tres semanas alguien me recomendó un libro titulado Los secretos de las flores doradas, por Richard Wilhelm, con una introducción de Carl Jung. Richard Wilhelm tradujo los libros de Jung a las lenguas orientales. Este libro lo escribió en 1931 y ha sido traducido a diferentes idiomas y publicado en varias ocasiones desde entonces. Supongo que existe disponible una edición en rústica, puesto que he comprobado que algunas personas la tienen. En este libro se describe con detenimiento este sonido, que parece ser el sonido hu. Nosotros somos hu-manos, los hombres que pueden oír este sonido.

¿De acuerdo? Esto es todo acerca del sonido hu. Además, en este libro se afirma que la energía se genera en la pelvis, aumenta y sube hasta llegar a la cabeza, y envuelve todo el cuerpo. Finalmente, parece como si una columna de luz saliera por la cabeza.

Creo que la palabra que se utiliza para describir este fenómeno es kundalini. Ahora, este hombre puede cortar una baraja y adivinar el número y el palo de la carta que hay debajo, y siempre acierta. También sabe si va a recibir alguna visita al día siguiente y de qué van a hablar. Dice que siente una unión total con todos los seres vivos, con los animales y los humanos.

Según Los secretos de las flores doradas, después de diez meses lunares o, como afirmaban los egipcios, nueve meses solares, te conviertes en un ser de luz. Es como romper el cascarón del huevo cósmico y surgir como un ser de luz, capaz de levitar y aparecer en dos lugares al mismo tiempo. Puedes desaparecer aquí y aparecer en cualquier otro lugar.

Todo esto resulta bastante extraño, excepto si pensamos que esta persona se haya convertido en un superconductor, en cuyo caso podría levitar y andar sobre el agua. Mañana os enseñaré algunos documentos escritos por Harold Puthoff, de Austin, Texas, que ha trabajado para el gobierno en proyectos de telepatía y comunicación mental, y que ahora está investigando la levitación, los viajes a través del tiempo, etcétera. Ha publicado algunos documentos en los que desarrolla la teoría de Sakharov sobre la gravedad, según la cual la gravedad no consiste en un campo gravitatorio.

En realidad, la gravedad es una reacción de la materia, los protones, los neutrones y los electrones, con el punto cero o energía del vacío.

Lo que experimentamos como gravedad no es más que la reacción de la materia con el punto cero de energía.

No existe un campo gravitatorio por sí mismo. Con sus cálculos matemáticos, Puthoff demuestra que cuando la materia se conecta en dos dimensiones a través de una resonancia, deja de interrelacionarse en tres dimensiones y solo lo hace en dos, gracias a lo que él llama movimiento jitterbug, y entonces pierde cuatro novenas partes de su peso gravitatorio, es decir, que solo pesa el 56% de su peso inicial. Como recordaréis, esto es exactamente lo que ocurrió con nuestra sustancia, que pesaba el 56% o cinco novenas partes de su peso inicial. Esto demuestra que la sustancia está conectada a través de una resonancia, es decir, que es un oscilador cuántico, resonando en dos dimensiones, lo cual se ajusta exactamente a la definición de superconductor.

Cuando hablé con Harold Puthoff, me dijo: «David, ¿sabes lo que significa esto? Si puedes controlar la gravedad, controlas también el espacio-tiempo. Por lo tanto, estos átomos están doblando el espacio-tiempo para pesar cinco novenas partes de su peso inicial». También me dijo: «En las revistas especializadas se han publicado teorías sobre la posibilidad de viajar a una velocidad superior a la de la luz. Pero para poder hacerlo, es necesario disponer de lo que se denomina materia exótica, es decir, materia que no sufre atracción gravitatoria». ¿Sabíais que el iridio a 70 grados Fahrenheit no sufre atracción gravitatoria, y que esta temperatura es ligeramente inferior a la de nuestro cuerpo? Por lo tanto, podemos tomar esta sustancia hasta que nuestro cuerpo de luz envuelva a nuestro cuerpo físico y nos convirtamos en seres de luz.

A partir de ese momento, nuestro cuerpo físico ya no controlará nuestro cuerpo de luz, es decir, nuestro cuerpo de luz controlará nuestro cuerpo físico. Por lo tanto, podremos viajar de inmediato a cualquier lugar que deseemos, no solo de manera espiritual, sino también física. En la Biblia a esto se le llama éxtasis. Dice: «Dos personas estarán arando la tierra y, de repente, una de ellas habrá desaparecido. Dos personas estarán tumbadas en la cama y, de repente, una de ellas habrá desaparecido». Habrá una desaparición física del lugar donde te encuentres. En el Apocalipsis dice: «Al vencedor le daré el maná escondido y una piedra blanca, y en la piedra escribiré un nombre nuevo, que solo conoce el que la recibe» [Apocalipsis 2:17]. No serás la misma persona que antes de tomar la sustancia.

En realidad, dice que tendrás un nombre nuevo y que serás una persona diferente. Cuando te llenas con el espíritu, con el crisma, ya no eres la misma persona que antes. Todo el ADN que los biólogos no saben para qué sirve tiene una función, pero no lo aprovechamos.

En este momento solo utilizamos el diez por cien de nuestro cerebro. ¿Para qué sirve el noventa por ciento restante? ¿Tenemos un cerebro evolucionado para no utilizarlo? Parece como si en la antigüedad hubiéramos utilizado todo el cerebro y el ADN, y hubiéramos sido una persona diferente. Esto resulta difícil de entender a nivel filosófico, ¿verdad? La Biblia dice que en la antigüedad éramos Adán Kadmon, similar a un ángel, y que luego caímos en este estado de brutalidad. Pero también dice que llegará el día en que los tiempos remotos volverá a la Tierra. ¿Cuáles son los tiempos remotos? Los de Adán Kadmon, el hombre original. Y cuando este hombre vuelva y pueda leer nuestros pensamientos sin que hayamos pronunciado ni una sola palabra, podremos ser juzgados como corresponde. No habrán más esqueletos en el armario ni más intenciones ocultas. Todo se conocerá. En la Biblia lo llaman la apertura del libro de la vida.

Será el momento en que todos seremos juzgados, en que todo será revelado.

Entonces, y solo entonces, veremos otra vez a Cristo, cuando vuelva. ¿De acuerdo? En el Apocalipsis dice que las calles de la nueva Jerusalén serán pavimentadas con oro puro, como cristal transparente [Apocalipsis 21:21]. Y los cimientos también serán de oro tan puro como el cristal transparente [Apocalipsis 21:18].

Si esto no es suficiente para vosotros, os diré que he descubierto que el nombre del árbol dorado de la vida es ORME, ormus o ormes. Y el nombre de mi patente es Orbitally Rerranged Monatomic Elements (Elementos monoatómicos orbitalmente reordenados). En el libro de Isaías dice que en el futuro, un descendiente del linaje de David llamado también David… mi prima, bendita sea, ingresó en la iglesia de los mormones y le hicieron el árbol genealógico, y la abuela de mi tatarabuela era Hanna de Guise, hija de Christopher de Guise, hermano de Charles o Claude de Guise, que aparece en el libro Sangre sagrada, cáliz sagrado. Nostradamus trabajó con la familia de Guise y profetizó que en 1999 el oro oculto sería descubierto por la ciencia. Esta profecía es muy precisa, con fechas muy exactas. Y el descendiente de esta familia, el futuro David, plantará el árbol dorado de la vida.

Como podéis imaginar, yo no sabía nada de esto cuando presenté mi patente. Entonces, cuando me di cuenta de lo que es el polvo blanco de oro, de sus efectos y su finalidad, comprendí que no puedo hacer dinero con él. Mi trabajo consiste en informar a aquellos que estén preparados del desarrollo de las investigaciones y de cuándo va a estar disponible. No puedo venderlo, aunque pediré donaciones para cubrir los costes de producción, puesto que debe estar disponible para aquellos que estén preparados.

Al polvo blanco de oro también se le llama las llaves menores de Salomón, las llaves del reino. Recordad que Pedro, la roca, era el guardián de las llaves del reino, es decir, del polvo blanco de oro.

Esta sustancia no es la respuesta, pero es la llave que abre las puertas del conocimiento. Ya no tenemos que morir para encontrarnos con los ángeles, para experimentar lo que describen los que han muerto y han vuelto a la vida, esa increíble sensación de unión. El momento en el que más cerca podemos estar de una persona es durante el acto sexual. Pensad en ello. Sin embargo, gracias al polvo blanco de oro, podemos unir nuestro corazón y nuestra mente con los demás. Alguien me dijo que sería un buen título para un libro: Mejor que el sexo.

Esto es todo acerca del amor y la unión total con los demás. Es telepatía perfecta, comunicación perfecta, amor y unión totales.

Cuando comprendes que los superconductores no necesitan estar en contacto… bueno, volvemos a la ciencia. Si queremos que fluya la electricidad entre dos cables, estos tienen que estar en contacto, pero los superconductores pueden mantenerse a distancia y, mientras sus resonancias estén en armonía y sus campos de Meissner se toquen, es como si estuvieran unidos. Porque lo que fluye a través de ellos es luz y actúan como un solo superconductor. Por lo tanto, cuando te conviertes en un superconductor perfecto y tu pareja también lo es, vuestro corazón y vuestra mente se unen. Entonces, lo conoces todo acerca de ella y se produce la telepatía perfecta.

Y esto es el juicio. Esto es la unión.

Ahora, ¿qué efectos produce en el cuerpo? Corrige el ADN. Gracias a un proceso similar al de una solución desnaturalizada, el ADN se relaja y se recombina de forma correcta. Por lo tanto, esta sustancia puede curar las enfermedades producidas por un desajuste del ADN. Sin embargo, no se debe tomar solo para curar enfermedades, sino por motivos filosóficos. El propósito debe ser elevar la conciencia de la humanidad. Si durante este proceso se curan enfermedades, estupendo. Mañana os enseñaré unas diapositivas sobre la historia de la alquimia y la piedra filosofal, y os daré el título de varios libros relacionados con este tema. Vamos a extraer algunas citas de estos libros y a estudiarlas, y también explicaré los fundamentos científicos. Por lo tanto, espero que la conferencia de mañana satisfaga a todos. Pienso que la mayoría de vosotros sabéis lo que es esta sustancia y porqué está aquí. La mayoría sabíais que iba a llegar, que al final iba a aparecer.

Yo era una persona ultra conservadora, de derechas, seguidor de John Birch, que creía en el sistema de libre mercado, dada la naturaleza del hombre. Era egoísta y avaricioso, tentado por el dinero y la riqueza, pero esta sustancia cambia la naturaleza de las personas, y lo que normalmente valoramos deja de tener importancia. Entonces, ya no necesitas comer porque puedes alimentarte de los campos de resonancia del universo. Todo lo que necesitas es agua. Cuando ya no necesitas energía, puedes viajar donde quieras con solo pensar en ese lugar, y de repente estar allí. Puedes vivir 800 o 1.000 años con un cuerpo perfecto cuyas células están corregidas. Y entonces tu metabolismo se acelera un 45 o 50 por cien y vuelves al mismo estado en que te encontrabas cuando eras un adolescente y puedes permanecer en este estado. Estos son los efectos que produce la sustancia.

No tenemos todavía todas las respuestas. Es necesario hacer una investigación médica exhaustiva. Ya tenemos médicos trabajando en el SIDA y el cáncer. Tenemos permiso del Instituto Nacional de la Salud. Y puedo deciros que esta sustancia está aquí, que no va a desaparecer aunque no creáis en ella, y que va a cambiar el mundo más que cualquier otro descubrimiento en los últimos 2.000 años.

¿De acuerdo? [final de la conferencia]

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http://www.whitepowdergold.com/

http://www.subtleenergies.com/ormus/spfaq.htm

http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/esp_ciencia_oro9.htm

http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/esp_ciencia_oro8.htm

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Una respuesta a David Hudson – Superconductividad y alquimia moderna

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